Diagnóstico inicial
Realizamos una evaluación dual —nutricional y psicológica— y una valoración corporal con tecnología de última generación capaz de recoger más de 100 datos biométricos.
El Método ZANAI integra nutrición clínica y psicología sanitaria para trabajar la alimentación, la conducta, las emociones y la capacidad de mantener los cambios.
La mayoría de las personas conocen las recomendaciones básicas para alimentarse mejor. Tener información no siempre permite aplicarla.
Cuando aparecen el estrés, la ansiedad, la falta de tiempo, el cansancio o los hábitos automáticos, muchas dietas dejan de funcionar porque solo han trabajado una parte del problema.
Un proceso sanitario para modificar de forma progresiva la alimentación y la conducta asociada a ella.
Un recorrido clínico estructurado que acompaña al paciente desde el diagnóstico hasta el equilibrio y la autonomía.
Realizamos una evaluación dual —nutricional y psicológica— y una valoración corporal con tecnología de última generación capaz de recoger más de 100 datos biométricos.
Situamos tu punto de partida de Z4 a Z1 según la complejidad conductual, la ansiedad alimentaria, la impulsividad y la necesidad de seguimiento.
Definimos el plan y la intensidad de acompañamiento más adecuados para tu caso, sin aplicar soluciones automáticas ni genéricas.
Organizamos el tratamiento en ciclos estructurados de 3 a 6 meses para que el cambio sea progresivo, medible y revisable.
Combinamos consultas presenciales, bioimpedancia clínica y una App ZANAI personalizada, conectada al CRM clínico, para llevar tus pautas, registrar emociones y consultar tu progreso biométrico entre visitas.
Revisamos tu avance en la escala de ansiedad, la conducta alimentaria, la adherencia y la composición corporal para adaptar el proceso a tu progreso.
Avanzas hacia el equilibrio y la autonomía: independencia alimentaria, peso saludable, control de hábitos y bienestar psicológico.
Un cambio se considera consolidado cuando puedes mantener una alimentación organizada, gestionar mejor las dificultades y tomar decisiones con autonomía.
Herramientas para cuidarte sin depender de restricciones permanentes.
Un objetivo corporal realista, seguro y adaptado a tu situación.
Más capacidad para mantener la organización incluso en semanas difíciles.
Una relación más estable, flexible y respetuosa con la comida.
La mejor forma de saberlo es realizar una evaluación clínica completa.